HIPERSEXUALIZACIÓN INFANTIL

HIPERSEXUALIZACIÓN INFANTIL

Estoy haciendo un curso de formación al profesorado sobre cómo hablar de sexualidad en las aulas de primaria. Estamos tratando muchos temas interesantes, pero hay uno en particular que ha llamado especialmente mi atención: la hipersexualización infantil. Es un término del que no había oído hablar hasta ahora y que, a su vez, está teniendo una amplia transcendencia en nuestra sociedad. Para quien no haya escuchado nada acerca del asunto, ésta es la definición que he encontrado: “Es la tendencia a enfatizar el valor sexual de la persona por encima de cualquier otra cualidad definitoria. Esta tendencia se extiende con trágica rapidez a la infancia, acabando con ella”.

 

Puede que hasta hoy no conociéramos la palabra en sí, aunque no creo que podamos decir lo mismo sobre el concepto. A menudo se habla sobre lo fugaz que es hoy en día el tránsito desde la niñez hasta la adolescencia. Y es que nos encontramos cada vez más niños/as de 8 años queriendo aparentar 16. Prueba de ello son la ropa y los gestos que les caracterizan. En el caso de los niños puede no ser tan obvio. Sin embargo, en las niñas se refleja con mucha más claridad. Maquillaje, minifaldas e incluso tacones. Una vestimenta nada acorde con la edad de una niña pequeña.

 

Pero, ¿de dónde nace este afán por crecer tan rápido? Son varios los factores que influyen (a veces de sin darnos apenas cuenta), tanto en los/as niños/as como en sus progenitores.

 

«Llega mi noveno cumpleaños y quiero una Tablet como regalo», «Ya estoy acercándome a los 12 y todos mis amigos tienen móvil»… Por un lado, la presión social hacia los padres y las madres es tal, que se les hace verdaderamente difícil sobrellevar discusiones diarias sobre este tipo de temas y acaban siendo demasiado permisivos. Y al cruzar esa línea es donde se empieza a perder el dominio que estabilizaba el ambiente. Una Tablet, un teléfono móvil o un ordenador con acceso a internet y sin ningún tipo de control parental, abren las puertas hacia una libertad peligrosa.

 

Por otro lado, están los cánones de belleza que nuestra sociedad nos empuja a seguir para recordarnos que pertenecemos a la misma. Recibimos mensajes cargados de información totalmente sesgada e irreal, que nos hacen ansiar ser lo que no somos para, finalmente, acabar infravalorando nuestra propia persona. Y sin darnos cuenta, cada día nos vamos exigiendo más y más, porque ya nada llegará a ser nunca suficiente. Esos mensajes se nos presentan a diario a través de diversos canales como, revistas, paneles publicitarios o la televisión. Son formatos que están al alcance de cualquier menor y su influencia puede llegar a ser aterradora. ¿Quién no ha querido ser como el/la ídolo de su serie favorita? Llevar su misma ropa, utilizar sus frases, repetir sus gestos o usar la misma barra de labios… ¿Nos hemos parado a pensar en lo que todo esto supone?

 

La industria de la moda promociona y vende ropa inapropiada para cierta edad (tops, tacones, lencería, etc.). Las series de televisión y otros tantos programas que se emiten en horario infantil muestran protagonistas populares y exitosas, excesivamente maquilladas y vestidas de forma exagerada, lo que provoca que muchas niñas quieran imitarlas. Incluso a veces, son los propios padres y madres quienes, inconscientemente, empujan a sus hijos//as a madurar sexualmente antes de tiempo. Los/as visten y les exigen que se comporten como si fueran adultos.

 

En la actualidad, es fácil encontrar fotos de niños y niñas posando con ropa de adultos e imitando posturas de modelos profesionales. La imagen que he escogido para encabezar esta entrada puede pasar desapercibida ya que, una vez estamos acostumbrados a ver cada vez más este tipo de fotos en catálogos de tiendas conocidas, acabamos por normalizarlo. No obstante, la imagen de una niña disfrazada de mujer en una pose erótica no tiene nada de normal. Sino todo lo contrario. El mensaje que se transmite a la gente no es otro que el de «Lolita». Y, como se entiende que el hecho de publicarlo lo hace aceptable, la imagen termina por serlo de igual manera.

 

La infancia está cada vez más erotizada y las principales víctimas suelen ser niñas, puesto que esta sexualización tiene relación con el papel de la mujer como objeto sexual. Así, se adelanta la edad en la que las niñas se convierten en eso, adoptando roles y comportamientos estereotipados que, además, no se corresponden con su edad tan temprana. El camino desde la infancia hasta la adolescencia es cada vez más rápido y el acceso anticipado a la sexualidad puede acarrear daños irreparables; ya que los/as niños/as no están ni física ni mentalmente preparados para dar ese paso.

 

Este interés por hacer mayores a los/as jovencitos/as antes de tiempo, sólo puedo traer consigo consecuencias negativas: pérdida de la infancia, carencia de valores verdaderos, acercamiento a alcohol y otras drogas, embarazos precoces, etc.

 

¿Qué medidas podrían plantearse para hacer desaparecer este problema? Varios países europeos, como Francia o Inglaterra, ya han tomado ciertas medidas para frenar este tema. Tales como, prohibir la participación de menores de 18 años en concursos de belleza, reducir anuncios con contenido erótico dentro del horario infantil o concienciar a las madres y padres sobre el uso de internet. Todo esto y más es necesario a fin de erradicar el concepto de sociedad que valora la importancia del físico ante todo lo demás.

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