¿Todavía le das teta?

¿Todavía le das teta?

‘¿Todavía le das teta?’ Ésta es una de las frases que llevo escuchando algunos meses antes de que M, mi hijo, cumpliera un año. Ahora acaba de hacer los dos. 

Es una pregunta muy habitual hacia madres que amamantan. A veces se formula por curiosidad y otras por extrañeza. Pero, pasado el medio año de edad largo, tarde o temprano una se acaba encontrando con esta cuestión. 

Es curioso como, el hecho de que un/a niño/a de 3 años desayune leche en biberón, sea considerado un hábito normal y que, sin embargo, gran parte de la sociedad censure que a esa edad el formato sea una teta. 

El otro día tuve una clase por la tarde y, a la salida, quedé con el Sr. A fuera del supermercado para hacer unas compras rápidas juntos. M no me había visto en un rato y, estando dentro del establecimiento, me pidió teta. Lo cogí en brazos y se sirvió. Enseguida se nos acercó una señora que, dirigiéndose a mi hijo (en lugar de a mí directamente), añadió: «Ui, con lo grande que eres, casi más que tu ama… «. No acabó la frase. Yo soy de estatura baja y M lleva camino de sacar la genética de su padre (tengo un marido de 1,90 de alto), así que parece más grande aún cuando yo le tengo en brazos. Pero, independientemente de ese dato, la verdad es que mi hijo, a día de hoy, todavía necesita leche, todavía es lactante. Y, sobre todo, todavía me necesita a mí. Y yo puedo y quiero proporcionarle esta leche adaptada y preparada en exclusiva para él. Puedo y quiero llevarlo en brazos y tener millones de conTETAciones con él. Pudiendo y queriendo, ¿por qué hacerlo de otro modo? 

La prejuicios hacia la lactancia materna duradera (que no prolongada) siguen muy instaurados en nuestra sociedad. La teta no da dinero, no supone consumo en el mercado, así que a los/as mandamases no les beneficia la idea de promocionarla. Nos guste o no, los billetes dirigen el mundo, y quienes controlan esos papeles son los/as encargados/as de hacernos llegar los mensajes que les interesan. Crean necesidades inexistentes y nos engañan con falsos mitos sobre cómo hemos de criar y alimentar a nuestros/as propios/as hijos/as, pretendiendo desconectarnos de nuestro instinto más puro. 

Continuando con la historia del supermercado, en aquel momento, en la sección de frutería, mi respuesta a aquel comentario fue automática. De mi rostro salió una mirada dulce hacia mi hijo, un gesto que congeló aquel instante junto con todo lo que había a nuestro alrededor, y continuó con dos preguntas: «¿estás cómodo? ¿te gusta?». M me sonrió afirmando ambas cuestiones. Entonces la señora, volvió a interrumpir nuestra contetación para añadir un «claro» con una sonrisa medio forzada. Y, sintiéndose fuera de aquella diada, pues percibió que en aquel momento esa tercera persona sobraba, siguió con sus compras. 

Siempre insisto en lo mismo y es que no podemos negar que estamos desinformados/as. Venimos programados/as a este mundo con lo necesario para crecer y desarrollarnos. Un alimento que produce el cuerpo de forma natural y para el que el ser humano viene ya predispuesto, no puede ser malo ni tener fecha de caducidad. Lo único que daña la lactancia materna son los prejuicios y la desinformación. 

Dejemos de entorpecer diadas madre-bebé, de opinar sin fundamento, de ir en contra de las decisiones de otras familias, de desconfiar de la herencia biológica, instinto y capacidades de los bebés… Informémonos, observemos y escuchemos más. 
 

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