Un triángulo incomprensible

Un triángulo incomprensible

Hace relativamente poco, a la enfermera de pediatría de M le pareció apropiado comentarme lo que, a su juicio, más me convenía. Me proponía pasar más tiempo con el señor A y dejar a nuestro hijo a cargo de cualquier otra persona de confianza, ya que “nos iba a venir bien disfrutar de momentos en pareja”. Como si en cuatro consultas médicas me hubiera conocido en profundidad y le hubiera transmitido la suficiente confianza como para entrar en mi vida privada… Comprendo que haya personas que puedan tener esa necesidad, pero no es nuestro caso.

Cuando decidimos ser p/madre, lo hicimos con el objetivo de añadir a otra personita en nuestras vidas. Sabíamos que nuestra elección supondría cambios a nivel de pareja. No obstante, no nos preocupó lo más mínimo; ni lo hace hoy en día.

El señor A y yo llevamos unos 12 años de relación, en los cuales hemos aprovechado para ir al cine, salir a cenar, hacer infinidad de viajes, convivir… Y todo en pareja. Desde el nacimiento de nuestro hijo, apenas ha pasado un año (ni siquiera corresponde a una cuarta parte de lo que fue nuestro noviazgo) y, sin embargo, parece ser que “necesitamos” pasar más tiempo los dos solos. Casi 13 años juntos resultan no ser suficientes…

La experiencia de p/maternidad que estamos viviendo cada día no es algo que nos incomode, al contrario, está pasando tan rápido que nos entristece que quede atrás para siempre. ¿Cómo íbamos a perdernos un tiempo tan valioso junto a nuestro pequeño?

Evidentemente, en la actualidad no nos es posible realizar exactamente los mismos planes que nos proponíamos un año atrás, pero ahora estos momentos junto a M son los que nos llenan. No necesitamos ir al cine (además del precio abusivo, el argumento de una película no varía una vez estrenada), ni a cenar los dos solos (las comidas no sabrían igual sin el placer de ver a M saboreando cada bocado)… Nos faltaría una pieza clave en nuestras vidas.

Lo que necesitamos es lo que tenemos y hacemos: fomentar planes en trío. Porque ahora ya no somos una pareja, sino una relación de tres. Y no, tres no son multitud. Tres, a nuestro modo de ver, significa amor, aventura, incertidumbre, alegría, diversión, aire libre, unión… familia.

Por lo tanto, no, no vamos a hacer planes en pareja porque, básicamente, no los necesitamos. Priorizamos estas vivencias de tres que, sabemos, no se volverán a repetir. Como nosotros hicimos en su momento, nuestro hijo también crecerá y abandonará el nido algún día, en el que volveremos a tener 24 horas en pareja a diario.

Como he mencionado más arriba, las decisiones que toma cada familia son totalmente respetables y deberían ser aceptadas como tal, puesto que nadie tiene derecho a opinar sobre lo más apropiado para éstas.

A menudo, al igual que en este caso, en muchas otras situaciones en las que hay un menor de por medio, parece que la puerta para las críticas (poco constructivas) y la opinión personal (no solicitada) está siempre abierta. Vale la pena trabajar un poquito la empatía y el respeto, para dejar a un lado esa reiterada intromisión. No hagamos a los/as demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros/as.

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