El comienzo escolar

El comienzo escolar

Septiembre es una de las épocas más estresantes para las familias. Llega la vuelta al cole y es algo que la mayoría de niños/as no lleva nada bien. De hecho, si nos paramos a pensar, a nosotros/as (los/as adultos/as) también se nos hace duro volver al trabajo después de vacaciones. En nuestro caso, le hemos dado incluso un nombre: “estrés pos-vacacional”.

A los/as peques les ocurre algo parecido, con el añadido de que, además, no contaban con ello. Viven un verano perfecto lleno de planes diferentes a los cotidianos, buen tiempo y 24 horas con ama (mamá) y aita (papá) en exclusiva para ellos/as… y, de la noche a la mañana, empiezan (algunos/as de nuevo) a la escuela, sin tiempo para reaccionar y, menos aún, para adaptarse. Porque la única vez en la que pueden disfrutar de ese “privilegio” es cuando entran por primera vez al aula de 2 años, donde este periodo se extiende a un mes.

¿Tanto o tan poco? Pues depende del/de la niño/a. A algunos/as les bastará con esas cuatro semanas, pero la mayoría necesitará unos días, semanas o incluso meses más de los que el sistema ofrece por protocolo.

¿Qué podemos hacer lxs padres y madres para hacerles más fácil este proceso? Os listo una serie de ideas que creo, podrían amenizar este camino.

  • Lo primero es observar a nuestros/as hijos/as. Fijarnos en cómo lo están llevando, hablar con ellos/as (por pequeños/as que sean), hacerles ver que les entendemos, que estamos a su lado, y preguntarles cómo podemos ayudarles a llevar mejor este proceso (¿qué necesitas?).
  • Otro de los aspectos a tener en cuenta es el resto de factores que puedan contribuir a una adaptación más dificultosa. A veces, la reciente llegada de un/a hermanito/a, un cambio de domicilio, la retirada del pañal, etc. pueden transformar el proceso en algo más complicado. Si bien es cierto que hay variaciones irrefutables, podemos buscar la forma de dirigirlo de la mejor manera posible.
  • Despedirnos. SIEMPRE. He oído a familias decir que, desde la escuela infantil o el centro escolar, les han recomendado marcharse sin decir adiós a su hijo/a, con la intención de evitar que sufra. Pero el hecho de que nosotros/as no le veamos llorar, no implica que lo vaya a llevar bien. De hecho, esta práctica es, además de irrespetuosa con el/la niño/a, contraproducente. En esta temprana edad, los/as txikis no tienen una clara percepción del tiempo y todavía están conociendo el mundo en el que viven. Por lo tanto, el hecho de que su figura de referencia desaparezca sin explicación alguna, puede generar muchísima ansiedad y estrés en el/la pequeño/a.
  • Contacto físico. Uno de los mayores cargadores de energía emocional son los besos y abrazos. Sentirte cerca y en total conexión con la persona que te toca y siente es una verdadera pasada. Este recurso puede ser muy útil antes de salir de casa o de entrar a la escuela, como ritual para llevaros un chute de amor y energía que alimente vuestra alma para aguantar toda la jornada.
  • A menudo vemos a niños/as abrazados/as a muñecos, pañuelos u objetos de apego muy representativos para ellos/as. La separación diaria y a lo largo de varias horas resulta emocionalmente difícil de digerir para un/a niño/a de tan temprana edad. Por eso, llevar un objeto que les transmita seguridad y tranquilad, y les mantenga en conexión con la familia es necesario (si el/la niño/a así lo desea).
  • Mantener una relación de confianza con el/la maestro/a. Los/as niños/as lo observan todo, saben lo que nos gusta y disgusta. Mostrar cierta complicidad con la que será su figura de referencia en la escuela, les dotará de seguridad para acudir a ella en caso de necesitarlo, propiciando un ambiente más cercano. Además, es importante transmitirles que esta persona tiene como objetivo hacerles sentir felices y a gusto durante la ausencia materna y paterna.
  • Después de una jornada (habitualmente guiada y con poco espacio para la espontaneidad), los/as peques salen mentalmente agotados/as de la escuela, pero con muchas ganas de ama y aita. Los/as adultos/as, por nuestra parte, llegamos al fin de la jornada laboral con una sensación similar y puede que con pocas ganas de jugar. Sin embargo, acordar momentos y aprovechar el tiempo fuera del cole para hacer planes en familia es fundamental. Salir de esa monotonía y pasar momentos divertidos juntos. Quizás, si nuestros/as hijos/as son aún muy pequeños/as, no guarden estas vivencias en su mochila, pero sí que archivarán esas sensaciones placenteras en familia para el futuro.

Espero que estas ideas puedan serte de ayuda para afrontar el comienzo escolar con más fuerza. Estoy convencida de que algunos de estos consejos no son nuevos y que tú mismo/a tendrás alguno más que fluya en tu familia. Te invito a compartirlo dejando un comentario aquí abajo, seguro que puede ser de gran utilidad para todos/as.

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